Si parece un dictador, … es un dictador.

Escrito publicado por Emilio Palacio en su boletín del día 15 de Septiembre del 2011

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Si tiene pico de dictador … 

Dos hombres van a cazar patos, esperan en el bote, en la madrugada, con las escopetas listas. Aparece la primera bandada. Uno de los hombres apunta mientras el otro dice:

– ¿Por qué asumes que son patos? ¿Tienes cómo probarlo? ¿No deberíamos analizar el asunto con un poco más de detenimiento?

Su compañero no le hace caso y dispara, luego se voltea y le responde:

– Si vuela como pato, tiene pico de pato y hace cuac-cuac-cuac como un pato, entonces es un pato. 

Recordé esta historia al escuchar la reciente intervención de Osvaldo Hurtado en “Diálogo de las Américas”, (un organismo con sede en Washington que promueve el intercambio de ideas democráticas en la región), en donde Hurtado expresó: (El audio completo en español aquí). 

..”Desde mi perspectiva, [el gobierno de Correa] no reúne los requisitos que definen un sistema político como una democracia, y más bien exhibe las características de una dictadura.”.. 

Por fin un ex presidente lo dice:
 
Correa no dirige un gobierno democrático
sino que encabeza una dictadura

Osvaldo HurtadoHay gente que opina lo contrario, por supuesto, y defienden al régimen a morir. Es normal, así somos los seres humanos, podemos opinar de modos muy disímiles. Pero si un gobierno concentra todos los poderes como una dictadura, rompe la constitución y las leyes como una dictadura, y persigue a la oposición como una dictadura, entonces es una dictadura; y proponer que el asunto sea mejor analizado, solo servirá para que las pocas oportunidades de defender la democracia que nos quedan, vuelen para no volver,… como las bandadas de los patos. 

Rafael Correa declaró el estado de excepción en la Justicia, y derogó la vigencia de los derechos humanos. Los gobiernos democráticos, para suspender las garantías democráticas cumplen previamente con todos los requisitos exigidos, por ejemplo: el de que se aclare qué derechos se suspenden y cuáles no. La declaratoria de Correa no lo hace porque, al presidente no le da la gana, y ningún poder del estado se inmuta. Hasta los funcionarios de más alto rango, los jueces de la Corte Nacional o el Fiscal General, contestan con una silenciosa reverencia, y nadie en la sociedad puede hacer nada para evitarlo. Ni siquiera quejarse, porque la amenaza de un juicio por injurias pende sobre las cabezas de todos. 

Rafael Correa interviene en las otras funciones del estado, como las dictaduras. El presidente dijo “le voy a meter la mano a la Justicia” y luego la declaró en estado de excepción, para prevenir una supuesta “inminente conmoción interna”. La constitución no habla de “inminente conmoción interna” sino de “conmoción interna” a secas. Nadie puede suspender los derechos justificándose en un vaticinio. Pero ningún poder del estado le contesta a Correa. La Justicia en estado de excepción, y el país en silencio, silencio, silencio. 

Rafael Correa con la infaltable guitarraQue la oposición siga discutiendo esta verdad del tamaño de una catedral, que Correa es un dictador, es una pérdida de tiempo porque, además, el pueblo lo sabe. En los barrios populares no se discute, por supuesto, qué clase de gobierno encabeza Correa porque allí la sociología y la politología no le interesa a nadie, pero no existe en todo el Ecuador una sola casa pobre en donde no se haya conversado que, cuando el presidente se disgusta, mejor es hacerse a un lado,  porque el único con poder se llama Rafael Correa Delgado. El pueblo se comporta ante Correa, como si se tratase de un dictador. ¿Vox populi vox dei?

Los dictadores llegan a veces al poder por las urnas. Hitler lo hizo. Mussolini también. En Cuba cada cierto tiempo hay elecciones. En la Sudáfrica del apartheid también se convocaba a elecciones. Y en todos esos países había o hay dictaduras. 

La cuestión es que de nada sirve constatar que el pato es pato si luego actuamos como si se tratase de un pollito. Si Correa encabeza una dictadura, entonces hay que sacar algunas conclusiones:

Primera conclusión: La defensa de la democracia y la libertad de expresión pasaron a ser hace rato el punto primero y principal de cualquier programa político realista. 

No observo, ni en la izquierda ni en la derecha, mucha claridad al respecto. El énfasis lo pone cada uno en su respectiva propuesta económica y social. A la izquierda le preocupa el modelo “extractivista”; a la derecha, el intervencionismo económico. Enfrascados en esas preocupaciones, varios de sus dirigentes minimizan la persecución contra César Carrión y sus compañeros, contra Juan Carlos Calderón y Christian Zurita, o contra El Universo, que constituyen en estos momentos algunas de las principales batallas por la democracia.

Segunda conclusión: A las dictaduras no se las derrota en las urnas sino en las calles. 

La tesis de que “hay que dejar que Correa se desgaste solo”, compartida por Jaime Nebot, Lucio Gutiérrez y Alberto Acosta, arranca de un concepto errado, que si Correa se desgasta, se debilita. Con las dictaduras no ocurre así. Cuando se desgastan, recurren al miedo, a la persecución. Hoy, la fortaleza de Correa no es la popularidad sino el miedo. Para derrotarlo, hay que ganar primero las calles, movilizando al pueblo para que defienda sus libertades. 

Tercera conclusión: Lo urgente ahora no es el candidato único sino la unidad de acción. 

Varios frentes políticos se han comenzado a formar estos días. La izquierda tuvo su convención unitaria, dos grupos de centro están recogiendo firmas para inscribirse como partido, la derecha debate cómo salir de su dispersión; pero todos llaman a la unidad para intervenir en las elecciones, no para tomarse las calles. Y muchos buscan un candidato común, incluso unitario. Vano esfuerzo. Los grandes frentes políticos nunca se han formado “en frío”. Solo se imponen cuando hay un proceso político de masas, cuando los pueblos intervienen. Solo en ese ambiente de lucha cívica, el ego de los dirigentes se ve obligado a dar momentáneamente un paso al costado. 

Estudiantes venezolanasTodo esto no lo digo yo, por cierto, sino Venezuela. Durante varios años la oposición intentó buscar la unidad electoral para derrotar a Chávez. No le hicieron mella. Pero entonces intervinieron los estudiantes que se tomaron las calles de Caracas y varias otras ciudades más, y Chávez no solo perdió la consulta para reformar la constitución, sino que además la unidad se impuso.

Hoy lo que debemos discutir los ecuatorianos que defendemos las libertades no es quiénes le podrían ganar las elecciones a Correa para que alguno de ellos asuma el papel de nuevo caudillo. Eso, si se hace, será en una etapa posterior, a la que los venezolanos ya llegaron pero nosotros no. La posibilidad de un solo frente electoral, o pocos frentes al menos, para no darle chance a Correa, solo se hará realidad, si la oposición se une primero para generar el más amplio activismo ciudadano. 

Porque si tiene pico de pato, hace cuac-cuac como un pato y vuela como un pato, entonces es una vulgar dictadura y hay que actuar rápido. 

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